Gastronomía

Almería infinitos contrastes de desiertos y vergeles. Azu1es de mar y marrones de un terciario abatido por el Sáhara.

¡Seca como sus espartos…! ¡Jugosa y fresca como sus uvas y naranjas…!

Nuestra cocina es artesana, mezclamos la mucha gracia que Dios nos ha dado con la que también le ha deparado a nuestro mar, nuestra tierra y nuestro clima.

¡Han salido cosas extraordinarias! Los gurullos, cocinados con perdiz, con liebre o conejo, sólo son e1 resultado del buen hacer de nuestras mujeres, que 1o mismo trenzan e1 seco esparto que miman esa masa de trigo de secano con perfume ácido de almazara.

¿Quién podría predecir que nuestro panizo, no un híbrido como los demás, sino ¡Nuestro maíz!, sería la base de las Torticas de Avío y las Pelotas, e1 acompañante del Ajo Colorao y razón de existir de nuestras migas con tropezones?.

La Olla de trigo, la Olla de Col y e1 Caldo Pimentón, nuestra inimitable sopa, donde la huerta y el mar se confunden, yo creo que fue e1 pie para que nos hayan visitado tantas civilizaciones.

Solamente le vamos a recomendar un postre: 1a tarta borracha. Receta inédita, en memoria de los Padres Mínimos casi olvidada, a1 igual que la pequeña joya arquitectónica de nuestro convento. Procuramos contribuir dentro de la rica cocina Andaluza a la grandeza de la Cocina española.

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La Alpujarra

Se parte de Adra, el puerto de la Alpujarra, para, a lo largo de 127 Kilómetros ir adentrándose, entre huertas moriscas, en el Parque Natural de Sierra Nevada, y en un paisaje dominado por el imponente macizo montañoso, el agua, la sobriedad de los encinares mediterráneos, parrales y viñedos, y la peculiar fisonomía de unos pueblos que reflejan su blancura entre las sombras verdes de una vegetación que hace olvidar que Almería es la puerta del desierto europeo. El viajero tiene oportunidad de contemplar el nacimiento de ríos y arroyos y la obra artificial de un pantano, probar el pescado y marisco fresco que llega a la lonja de Adra y admirarse con la variedad de una cocina tradicional en la que las migas, gachas, tarbinas y las mil formas de preparar chotos, conejos y otras piezas de caza menor, se riegan con buen vino de la tierra antes de poder elegir entre la variedad de postres elaborados con recetas familiares herencia de un pasado árabe. La ruta de la Alpujarra invita también a la aventura a través de los innumerables senderos y de sus pueblos. Pero sobre todo, al encuentro con las gentes que habitan esta comarca y que suelen abrir sus casas y corazones al viajero. La comarca es también punto de encuentro con la historia, conservándose importantes restos de diferentes épocas y pudiéndose visitar monumentos y ejemplos de una arquitectura popular que se caracteriza por el aprovechamiento sabio y tradicional de materiales que forman parte del propio medio.  Sigue leyendo

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Alpujarra – Sierra Nevada

El acceso oriental al Parque Natural de Sierra Nevada conecta la Alpujarra con los pueblos del río Nacimiento y presenta una oportunidad única para comprobar que Almería es, en su paisaje, una provincia de grandes contrastes. Así, del desierto que se aprecia en Gérgal se pasa a encontrar, en pocos kilómetros, una exuberante vegetación que descubre, a ojos asombrados, la presencia del bosque, profundos barrancos, pinares, ríos trucheros y parajes de especial encanto con olor a plantas aromáticas y a frutas. Las características naturales pueden disfrutarse en cualquiera de las zonas recreativas existentes: Arroyo Berruga, las Rozas, Monterrey.

De especial interés hay que considerar la visita al Observatorio Astronómico de Calar Alto, que hay que concertar y que puede realizarse cualquier miércoles. La entrada es gratuita y su duración, dos horas. La gastronomía invita a probar las gachas de pimientos coloraos, el guisote de calabaza, las migas con gazpacho de pepino, la pipirrana de Abrucena, los meneos y otras especialidades, producto de la rica y variada caza menor. Con un poco de suerte, y si ha habido una partida fructífera, le pueden ofrecer carne y embutido de jabalí y, por supuesto, la sorpresa de unos postres caseros y de unas frutas del tiempo recién cogidas del árbol. GÉRGAL: Frontera entre el desierto y el bosque, localidad enclavada en la Solana de la Sierra de los Filabres, acoge, en su término, el Observatorio de Calar Alto Iglesia y Castillo del s. XVI, restos arqueológicos del Argar. Sigue leyendo

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Alpujarra – Sierra de Gador

Dalias y su principal núcleo, Celín, invitan a seguir la antigua ruta de la uva, a recorrer una parte de la Alpujarra y a disfrutar con un recorrido desde la solana a la umbría de la Sierra de Gádor, macizo montañoso, corpulento y de gran extensión, tierra seca, a primera vista, se comporta como una verdadera “esponja”,que recoge y filtra las aguas que recibe para almacenarlas en su interior y dejarlas escapar por numerosas fuentes. El viajero encontrará pueblos blancos que resaltan entre el verdor de los parrales; restos arqueológicos romanos y árabes y muestra de un pasado esplendoroso, fruto de una vega rica y de un subsuelo millonario en minerales. Y de nuevo el contraste entre los valores de los ríos Nacimiento y Andarax y las cárcavas y lomas de tierras malas del subdesierto. La ruta es propicia para mirar el horizonte desde cualquiera de los balcones naturales que hacen posible contemplar campos de almendros, olivos, pinos, encinas, parras y el plástico de los invernaderos contundiéndose con el Mar Mediterráneo. Como atracción gastronómica en esta ruta hay que probarlos caracoles en salsa picante, cocido de hinojos, migas, gachas y como postres, milhojas, soplillos, mantecados y merengues. Sigue leyendo

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Andarax

Naranjos y parras rivalizan en un paisaje que recorre el río, sus fuentes, cortijos, barrios pintorescos y casas señoriales. Subir y bajar el río es la oferta que invita a recorrer el Ricaveral y a detenerse a conversar con los vecinos de cualquiera de los pueblos, en plazas blancas de grandes árboles y cantarinas fuentes. Comer gurullos con conejo, catar el ajo blanco, mojar en la fritada y meter la cuchara en las migas son placeres gastronómicos que se complementan con las riquísimas magdalenas, los roscos de naranja y las tortas de chicharrones. No hay que olvidar tampoco las rosquillas de aceite ni la longaniza. El poblado y la necrópolis de Los Millares, a las puertas de Santa Fé de Mondújar, es paso obligado en la ruta, en la que cruzan otros yacimientos arqueológicos y muestras de un pasado de esplendor. Mención especial merecen los balnearios: en Alhama de Almería y en Sierra Alhamilla, en un nuevo encuentro con el agua, que marca el discurrir de esta oferta de viaje. Sigue leyendo

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Sierra de los Filabres

La aventura y la sorpresa están servidas desde el inicio, en Gérgal, hasta el final, en Senés, tras atravesar un paisaje de montaña al borde mismo de la aridez, entre barrancos impregnados de olor de las plantas aromáticas y divisando aldeas de casas de pizarra y pueblos blancos, de singular urbanismo y recuerdos árabes. La sorpresa está en las huertas, con variedad de frutales y sobre todo en las gentes, amables y sencillas, siempre dispuestas a ayudar y servir de guía al forastero. Y en la gastronomía que pone imaginación sobre los productos naturales de la tierra. Migas al ajo blanco, gachas, remojón, conejo al ajillo, perdiz con gurullos, en escabeche. Hay que probar los almendrados y turrones. Hay aventura en la ruta señalada y en la alternativa de cruzar la sierra por los caminos forestales. El bosque mediterráneo trata de recuperarse en una zona que está a las puertas del desierto y cuyos campos han sido, en muchos casos, abandonados. Restos de otra época nos acercan a multitud de culturas. Desde yacimientos del Argar a restos de acueductos romanos, de alcazabas árabes, arquitectura popular y de ejemplos de futuro: la Plataforma Solar de Tabernas, el Observatorio Astronómico de Calar alto. GÉRGAL: Frontera entre el desierto y el bosque, está enclavado en la solana de la Sierra de los Filabres. Sigue leyendo

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Campos de Níjar y Sorbas

Impresiona la desnudez de la tierra y la luminosidad con la que un paisaje único en Europa saluda al viajero al tiempo que le invita a sentir la belleza de las ramblas, de los pueblos blancos de una vegetación escasa; del desierto. Es algo incomparable, único. Basta la imaginación para situar el mismo escenario que ha servido para rodar películas y convertir en “pueblo del Oeste’ algunos parajes. Pero también hay aplicaciones tecnológicas de primera magnitud, como la Plataforma Solar y monumentos naturales como los Karst en Yesos. Ajipán, gurullos, gazpacho a lo pobre, cocido con morcilla, gachas de pimentón y tortas de chicharrones son algunas especialidades de una gastronomía, de la que forma parte importante el conejo de campo, preparado de docenas de maneras. La artesanía juega un papel importante. Telares y alfares forman parte de la tradición, como las romerías y las fiestas populares que se exuberante y verde. Torre musulmana de la Iglesia, s. XVI. Yacimientos arqueológicos (prehistórico). Sigue leyendo

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El Mar de las Sierras Dulces

Sierras costeras, pequeñas, caprichosas coquetas. Cálidas formas mojadas por la risa del mar, triunfo de los relieves suaves. Reducido laberinto de misterios. Hay que remontar el curso del río Aguas y entrar en ese apéndice de los Filabres que es la Sierra de Bédar, para admirar la belleza de un paisaje que ofrece al sur la vista de un mar, siempre azul, que se suele confundir con el cielo; y al norte, el misterio de una sierra que ve cubiertos sus picos con nuevas construcciones. El interior lleva al encuentro con una Almería que siempre ha estado ahí, pero que es inédita y desconocida para la mayoría. Entre almendros y olivos se descubren Pueblos blancos y tranquilos. El descenso leva al mar, a un pueblo de pescadores (Carboneras) que conviven con dos de las industrias más fuertes de la provincia y a un nuevo encuentro con la sierra. De la rica y variada gastronomía hay que destacar los gurullos al Rin-Ran, las pelotas, “fritá” de magra y morcilla, migas, ajo “colono”, “arroz a parte”, habas con bacalao, y por supuesto el pescado y marisco de Carboneras. Los mantecados de vino, almendrados son elaborados con recetas familiares.  Sigue leyendo

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Tierra de Pulpí y Vera

Adentrarse en los suaves relieves de Sierra Almagrera siguiendo la ruta de la costa, invita a descubrir numerosas huellas de un pasado ligado a las minas y a las fundiciones, y no carecen de señales de un presente cuajado de pequeños paraísos: diminutas calas de agua cristalina y numerosas escolleras, hasta llegar a la planicie cubierta de tomateras que desarrollan un fruto en otoño e invierno, aprovechando la seguridad de un clima que no conoce las heladas. En el interior, el paisaje está salpicado de pequeños núcleos urbanos en torno a los municipios de Pulpí y Cuevas del Almanzora, que rompen la monotonía de los secanos. Restos mineros acompañan al viajero en su recorrido hasta alcanzar Antas entre un mar de naranjos y dar el salto hasta la ciudad luminosa de Vera. Si el hambre aprieta en cualquier punto de la ruta se puede descubrir el ajo “coloran” o las tortas de avío, pasando por las pelotas, gurullos, migas, trigo y ajoblanco y sin olvidar que la costa ofrece buenas posibilidades para el marisco y el pescado.  Sigue leyendo

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Valle del Marmol y Alto Almanzora

Hay que remontar el río Almanzora para descubrirlos contrastes que ofrece su valle cuajado de hortalizas en su parte más baja y desbordado de cítricos en el primer tramo de ascenso hasta Albox para, a partir de ahí, sorprenderse con la monumentalidad de una Sierra de entrañas abiertas y blancas: el mármol. E! mineral es la razón de ser de la práctica totalidad de los pueblos del río, que viven de cara a la sierra. Hay también otro tipo de blanco también especial: el de los almendros en flor que jalonan la ruta que lleva a los pea¡] eños municipios de la comarca y que ofrecen impresionantes panorámicas a la retina. El gusto agradece catar la olla de hinojos, la fritada de conejo, los gurullos con liebre y las perdices estofadas o encebolladas, y la famosa repostería de la zona con los suspiros de almendra a la cabeza. Sigue leyendo

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